Diariamente el ser humano resulta ser la peor arma existente contra la vida animal, el peor depredador en la naturaleza. En muchas ocasiones lo somos desde pequeñas acciones, como maltratar a un animal solo porque si o por considerarlo un arte, o la destrucción masiva de sus hábitats. ¿Desde cuándo el ser humano se auto-proclamo dueño de todo lo que le rodea?
El presente texto académico tiene como objetivo dejar al descubierto algo de lo que pocas veces meditamos, o de lo que pocas veces investigamos. El mundo después del ser humano ha ido perdiéndose y no ha parado. México tiene una amplia gama de especies, de las cuales podríamos tener presente lo siguiente: la Norma oficial mexicana (NOM-059-2001-SEMARNAT) proporciona una lista de 295 especies y subespecies de mamíferos en alguna categoría de riesgo. Es increíble la cantidad de especies que se encuentran en peligro de extinción solo por un ser: el humano.
Si bien es el ser humano quien ha causado estas cifras, también es el más indicado para evitar que perdamos la riqueza que existe en la fauna y flora mexicana, por ende, esto serviría de impulso a todos los ecosistemas en general. Desgraciadamente, la mayoría de las actividades que realiza el ser humano no son compatibles con la vida salvaje y son las que más afectan sus entornos.
EL PASO DEL SER HUMANO
Lo más preocupante es que a pesar de que muchas personas han tomado conciencia de lo que le ocurre a nuestra naturaleza, aún hay largo camino por recorrer, pues muchos no tienen idea de la magnitud del daño causado.
La mayoría de las especies en peligro de extinción están en esta situación gracias a la imprudencia del ser humano por invadir y destruir su hogar, su hábitat. Las áreas donde los animales radican se han ido convirtiendo en edificios, en zonas residenciales, en centros comerciales, etc. Gracias a esto, muchas especies ya se han extinguido por completo, por ejemplo:
- La última tortuga de los Galápagos, George, falleció a sus más de 100 años.
- Oso grizzli mexicano. Esta especie fue cazada hasta su desaparición pues se comía el ganado de los ranchos. Sólo 30 de ellos permanecían hasta 1960, pero en 1964 se le consideró extinto.
- Pato mariana, 2004. Vivía en tres islas del océano Pacífico, pero la pérdida de su hábitat por la sequía, los cultivos y la 2ª Guerra Mundial lo orilló a su extinción. La última pareja murió en cautiverio en Sea World de San Diego en 1981.
- Canario ostrero, 1994. Esta ave vivía en las Islas Canarias. La pesca comercial los dejó sin su alimento, las ostras.
Estos son tan solo algunos ejemplos de especies que se han extinto gracias al paso del hombre por la naturaleza. Ya sea destruyendo sus hábitats e incluso cazandolos por ‘deporte’.
MAMIFEROS EN PELIGRO DE EXTINSION
Entre los mamíferos más destacables en estas situaciones se encuentran:
El oso hormiguero, brazo fuerte, chupamiel (Tamandua mexicana), que vive en las zonas tropicales desde Michoacán en la vertiente del Pacífico y la Huasteca potosina en la vertiente del golfo hasta Chiapas y la península de Yucatán. Habita los bosques tropical y mesófilo de montaña, y los manglares.
El armadillo de cola desnuda (Cabassous centralis), que se encuentra exclusivamente en las zonas de acahuales y pastizales de la Selva Lacandona de Chiapas.
El multicitado jaguar (Panthera onca), que habita en los planos costeros y en las áreas montañosas a lo largo de ambas vertientes desde el sur de Sinaloa y el centro de Tamaulipas hacia el sur y el sureste por el istmo de Tehuantepec hasta la península de Yucatán. Se puede hallar en manglares, el matorral xerófilo y en los bosques tropical, mesófilo de montaña, espinoso, y el de coníferas y encinos.
El manatí (Trichechus manatus), que se encuentra en los estados de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas. Vive en ríos, arroyos, lagunas, cenotes costeros y marinos, caletas y bahías adyacentes al mar.
El mono araña (Ateles geoffroyi), que puede ubicarse en los bosques tropicales, selvas altas y medianas de Veracruz, los manglares de Chiapas, en las zonas de selva baja y en los petenes en Yucatán.
El saraguato (Aloutta pigra), que habita desde la península de Yucatán hasta Belice y Guatemala; vive en el bosque tropical perennifolio, incluye selvas lluviosas, bosques de galería y bosques mesófilos.
El mono aullador (Aloutta palliata), que habita en México desde Los Tuxtlas, en Veracruz, hasta la Sierra de Santa Marta en Chiapas y cerca de Juchitán, Oaxaca.
El ocelote (Leopardus pardalis), distribuido a lo largo de las planicies costeras del Pacífico y del Golfo de México, desde el estado de Sinaloa y Tamaulipas hacia el sur, incluso en la península de Yucatán.
El perro llanero mexicano o perrito de la pradera (Cynomys mexicanus), una especie endémica correspondiente a una pequeña región de valles y pastizales de la montaña ubicada entre los límites de los estados de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Zacatecas.
El teporingo (Romerolagus diazi), correspondiente a una especie endémica sólo localizada en las laderas de las montañas del sur y sureste del Valle de México y en el Nevado de Toluca. Habita bosques y zacatonales subalpinos y alpinos a los 3 000 mil a 4 300 m de altura.
El tigrillo (Leopardus wiedii), que se distribuye en las zonas costeras del Pacífico y del Golfo de México desde Sinaloa y Tamaulipas hacia el sur y en la península de Yucatán. Se localiza en el bosque tropical, en manglares y en el mesófilo.
La vaquita marina (Phocoena sinus), endémica de México, vive en el Golfo de California.
Entre las aves están el águila arpía (Harpia harpyja), el águila cabeza blanca (Haliaeetus leucocephalus), la grulla blanca (Grus americana), la chara garganta blanca (Cyanolyca mirabilis), la cigüeña jabirú (Kabiru mycteria), la cotorra serrana occidental (Rhynchopsitta pachyrhyncha), la guacamaya roja (Ara macao), la guacamaya verde (Ara militaris), el halcón peregrino (Falco peregrinus), el loro cabeza amarilla (Amazona oratrix), el pato realel (Cairina moschata), pavón (Oreophasis derbianus) y el quetzal (Pharomachrus mocinno).
Las tortugas, por su lado, enfrentan en las playas mexicanas todo tipo de riesgos que las llevan a la orilla de la extinción. Entre ellas se encuentran la tortuga marina cauama (Caretta caretta); la tortuga marina verde del Pacífico o tortuga prieta (Chelonia agassizi); la tortuga marina verde del Atlántico o tortuga blanca (Chelonia mydas); la tortuga almizclera chopontil (Claudius angustatus); la tortuga riverina centroamericana o tortuga blanca (Dermatemys mawii); la tortuga marina laúd (Dermochelys coriasea); la tortuga marina de carey (Eretmochelys imbricata); la galápago de Mapimí (Gopherus flavomarginatus); la tortuga marina escamosa del Atlántico o tortuga lora (Lepidochelys kempi); y la tortuga golfina escamosa del Pacífico (Lepidochelys olivacea).
CONCLUSIONES
En general, podríamos comentar que no es solo una especie la que se encuentra en peligro de extinción, irónicamente el ser humano al dañar a los animales se daña a si mismo, somos parte de una cadena alimenticia y al eliminar a un eslabón de esta cadena, esta se ve afectada en gran medida. El ser humano necesita sentarse a meditar en lo que le esta ocasionando al medio ambiente, en unos años esto estará en su peor momento y habremos acabado con el paraíso que debimos cuidar para vivir en él.
A pesar de todo, muchas personas se han concientizado respecto a este tema, ya no todos somos insensibles al ver por la calle a algún animal, esto produce un pequeño cambio pero que poco a poco puede ir creciendo mediante hacer que el amor por lo que nos rodea crezca. Es claro que solamente a través de la educación ambiental de la población; la generación de opciones productivas como el ecoturismo, y los aprovechamientos sostenibles, se encontrarán estos sitios de manera más sencilla. Empecemos en nuestro hogar, con nuestra gente y hagamos ese pequeño cambio que se necesita para apreciar a todos los animales.
REFERENCIAS ELECTRONICAS
He escogido este tema porque en lo personal es algo que me gusta, y que me interesa mucho, me parece que el ser humano ha descuidado mucho esta parte de su vida, se ha vuelto insensible al dolor de los animales y al daño que les causa tanto a ellos como a sus hábitats.






